sábado, 21 de noviembre de 2009

De que se habla en Isla de Gongelad???

Siempre me pregunto -me pregunto demasiadas cosas, y eso es bueno- porqué lo que alguien hace con el mismo material, los mismos ingredientes y la misma elaboración, a una persona le sale un mojón alterado, y a otra, le sale algo definitivo, grande, digno de ocupar un rinconcito en nuestro maltrecho cerebro.
Donde se haya el misterio, donde la incógnita.
La respuesta me la dio mi madre hace años ante un inopinable, por rico, plato de habas con huevos escalfado. Todavía pensándolo se me empapa el olfato con las portentosas brumas del condumio.
El cariño, hay que cocinar con cariño”, me dijo. Ole mi madre que ese día me volvió a dar una lección de bondad.
Esta jaculatoria materna la superó un día de un caluroso julio una de las monjas cistercienses que habitan el monasterio de esa orden en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja). Estas hermanas mantienen un comedor social con el impulso de su Fe y la perseverancia que sólo logra florecer en la Caridad. Y los viejecitos, los pobre de solemnidad (si, se puede ser pobre y solemne, como yo, que pasa), y en mi caso, los peregrinos que caminábamos hacia Santiago de Compostela, tenemos la inmensa suerte de tomar alimentos hecho por verdaderos ángeles en la tierra.
“Dios está en los fogones”, que diría la Santa con más arte que ha parido la cristiandad, o sea, Teresa de Jesús.
Y esta monja cisterciense (que eso es ser una cosa muy seria), ante la pregunta que le formulé me contestó lo siguiente: “ …en el amor, el secreto de la cocina se haya en el amor”. Que tomen nota los actuales petimetres que ensalzan a tanto cocinero pazguato y frivolón como una top model flaca y zumbada que ha perdido la olla, y no la encuentra. La olla…, sin premio.

La comida que prepararé durante los tres días que dure la movida marinera esta (veremos a ver como acaba esto) será española. Esto no tiene ninguna importancia si dejamos claro que lo que se cocina fuera de mi país me importa poco menos que una rábano de Almonte.
Que son los mejores rábanos, que se lo oí decir a un viejo del lugar con tanta vehemencia que me convenció de las bondades del Rumex crispus.
Dieta mediterránea para estos tipos blancuzcos como lápidas. Mucho gazpacho a estribor, muchos pimientitos fritos a babor, y vámonos que nos vamos, y que nos no falte de ná.
He quedado con el capitán que la materia prima la pongo yo. Le comenté que si no puedo cocinar con aceite de oliva virgen extra, que no cuenten con mis servicios. Que mariconadas las justas. Ha aceptado. Por muy holandés que sea, tonto, no es. Todavía me quedan algunas botellas.
Mañana si tengo un rato explicaré concienzudamente los platos que les voy preparando a estos piratas.
Por cierto, ¿es verdad que el pirata Wily se quiere casar en España? La gente de la isla no da crédito a lo que pasa en nuestro país. Ayer Susan me dijo que comprende que me haya largado de un país tan loco.
- De remate , querida- le dije.

2 comentarios:

  1. Pimientitos fritos, gazpacho ummmmmm y ese plato de cocido ahí uf... qué hambre cielo. Menudo lujazo de cocinero que se han llevao los holandeses...

    Sin duda todo lo que se hace con amor sale riquísimo.

    Preciosa y sabrosa entrada, me encanta.

    Besos con HAMBRE¡

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  2. Bate, como la dieta mediterránea no hay nada, qué potage más rico el de la foto, a mí me enseñó mi madre, solo una cabeza de ajos, chorizo de la guita verde y aceite de oliva por supuesto y especies al gusto.

    Esa frase de la Santa es verdadera, cuando se cocina con cariño y amor aunque cocines con pobres ingredientes salen unos platos deliciosos. Un abrazo

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