lunes, 2 de noviembre de 2009

CUARTETO PARA EL FIN DE LOS TIEMPOS


En 1940, en la Batalla de Francia, Messiaen fue hecho prisionero de guerra, y mientras estaba encarcelado compuso su «Quatuor pour la fin du temps» («Cuarteto para el fin del tiempo») para los cuatro instrumentos disponibles allí: piano, violín, violonchelo y clarinete. La obra fue estrenada por Messiaen y sus amigos prisioneros ante una audiencia de prisioneros y vigilantes.[1] Al salir de prisión en 1941, pronto Messiaen fue nombrado profesor de armonía, y luego profesor de composición en 1966 en el Conservatorio de París, puesto que mantuvo hasta su retiro en 1978. Entre sus distinguidos alumnos están Pierre Boulez, Yvonne Loriod (quien después sería la segunda esposa de Messiaen, y la intérprete por excelencia de sus obras escritas para piano o con piano solista), Karlheinz Stockhausen, Iannis Xenakis, William Bolcom y George Benjamin.

La música de Messiaen es rítmicamente compleja (él estaba interesado en los ritmos de la antigua Grecia y de orígenes hindúes), y se basa armónica y melódicamente en los modos de transposición limitada, que fueron una innovación propia de Messiaen. Muchas de sus composiciones representan lo que él llamó «los aspectos maravillosos de la fe», mostrando su inquebrantable catolicismo. Viajó mucho y escribió sus obras inspirado por diversas influencias tales como la música japonesa, el paisaje del Cañón de Bryce en Utah o la vida de San Francisco de Asís. Messiaen experimentó una cierta sinestesia manifestada como una percepción de colores cuando oía ciertas armonías. Durante un período muy corto, Messiaen experimentó con el serialismo integral, en cuyo campo es citado a menudo como un innovador.





2 comentarios:

  1. Un hombre de su tiempo. En su música conviven sin ninguna controversia la vanguardia de su época, que como dices, él mismo ayudó a forjar de forma decisiva, y la profunda religiosidad católica que trasladaba a su música con vehemencia y profundidad.

    Este hombre más que un músico, era un intelectual (siempre en el buen sentido de la palabra) de enorme talla. Echo en falta esta categoría de hombres, que desde su completa conciencia del eslabón que le toca cumplir en la evolución de su arte, tienen sólidas convicciones y una visión del devenir histórico clarísima.

    Me ha encantado la realización tan exquisita de la imagen, y del escenario escogido. Sobrecoge sobremanera.Y sobre todo sobrecoge y toca los resortes sensitivos más profundos y desusados la MÚSICA. Si no fuera por internet, no podríamos disfrutar de estas joyas. Es una pena que sea el único ámbito en donde podemos verlo.

    Las formas “modernas-contemporáneas” del arte musical son enormemente incomprendidas por la mayoría. Y no todo es ruido ni “música concreta”.

    Amigo: me gustaría que usted rematara sus excelentes entradas, con al menos un mínimo seguimiento del comentario que se pueda derivar de estas, que pienso es lo más enriquecedor de este medio blogero. Pero entiendo que las circunstancias personales mandan.

    Abrazos.

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  2. Morat, creeme que lo que más me gustaría es tener tiempo para poder seguir sacándole jugo al zumo. Lo he pensado mucho, el hecho de no poder casi nunca seguir vuestro comentario.
    Y creeme que disfruto de tu comentario como pocos.
    Un abrazo, y tomo nota.

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