domingo, 8 de noviembre de 2009

Bach. Cantata BWV 147


Sin lugar a dudas, a Cristo se puede llegar de diferentes modos, de muchas maneras. Quizás una de las más emocionante sea arribar a la inmensidad de la Luz a través del arte, bajo el insondable vértigo de avistar que lo más trascendente que ha creado el arte en toda su historia se ha forjado alrededor de su Palabra, de su Obra, de su Amor, de su Misericordia, de su Perdón.
Nadie ni nada ha concitado el fervor y el asombro a lo largo de la historia como concitó Él.
Todo arte verdadero que canta a la Verdad lleva impregnado el barniz de su rostro en la faz de la humanidad, sufriente como Él.
No hay otro camino, lo demás, son juegos infantiles, fábulas para ingratos.

Reconozco que la serie de Cantatas que compuso Bach para Él, me sobrecogen en un mar de calma que más de una vez ha evitado un naufragio. Me sirven -las Cantatas-, para medir la disponibilidad de mi alma para con la Verdad.
Huelga decir que el gran músico todo lo que labraba en la partitura lo paría pensando en Él.
Solo Él.

Estas enseñanzas no significan nada si no van acompañadas de una unción que el que sepa de que hablo sabrá interpretar . En la interpretación de la Luz nos vemos todos afligidos, demacrados, esperanzados. Quien soy yo para decir ciertas cosas. Me duele el hígado de rebuscar en una música lo que quizás sólo existe en mis ganas.

Junto con los videos que subo, le acompaña el texto.



Corazón y boca y actos y vida
han de dar testimonio,
sin temor ni hipocresía,
de que Cristo es Dios y Salvador.



Bendita boca!
María reveló la parte más íntima de su alma
por medio de agradecimientos y plegarias;
empezó por narrarse a sí misma
el milagro que el Salvador,
obró en ella, su sierva.
Oh, raza humana,
esclava de Satanás y del pecado,
te ha liberado
la consoladora aparición de Cristo
de esta carga y esta servidumbre!
Empero, tu boca y tu terco espíritu
rechazan, niegan tal bondad;
¡has de saber, pues, que según las escrituras
un juicio implacable te espera!



No te avergüences, oh alma,
de reconocer a tu Salvador,
que siempre te llame suyo
en presencia del Padre!
Pues quien en esta tierra
no dude en negarle
será negado por Él
cuando se acerque a la gloria.



La obstinación deslumbrará a los poderosos
hasta que el brazo del Altísimo
los arroje de sus tronos;
pues este brazo se eleva,
aunque tiemble el mundo entero ante él,
por los humildes,
a quienes ha redimido.
Oh, cristianos bienaventurados,
levantaos, estad listos,
el tiempo gozoso ha llegado,
hoy es el día de la salvación:
el Redentor os llama
para armar cuerpo y alma
con los dones de la fe,
Levantaos, llamadle con ferviente anhelo,
para abrazarle en la fe!



Prepara, Jesús, ahora el camino para Ti,
Salvador mío, elige
las almas fieles
y mírame con ojos misericordiosos!



Feliz soy, pues tengo a Jesús,
oh, con qué fuerza me aferro a Él
para que consuele mi corazón
cuando estoy débil y triste.
Tengo a Jesús, que me ama
y se me entrega como algo mío;
ah, así, no quiero abandonar a Jesús
aunque mi corazón se rompa.




Ayúdame, Jesús, ayúdame
para que también pueda reconocerte
en la prosperidad y la aflicción,
en la alegría y la tristeza,
para que pueda llamarte mi Salvador
en la fe y el sosiego,
para que mi corazón siempre pueda
arder con tu amor.




La mano del Todopoderoso
toca los misterios de la tierra.
Juan hubo de llenarse del espíritu,
el lazo del amor le llevó,
ya en el vientre de su madre
a conocer al Salvador
aunque todavía con su boca
no podía nombrarle.
Se movió, brincó, se agitó,
mientras Isabel contaba el milagro,
mientras la boca de María hacía la ofrenda de sus labios.
Si vosotros, creyentes,
notáis la debilidad de la carne,
si vuestros corazones arden de amor
y aun así vuestras bocas
no proclaman al Salvador,
entonces es Dios quien con su poder
os dará fuerzas,
hará surgir el poder del espíritu en vosotros,
sí, gracias y alabanzas
saldrán de vuestras lenguas.



Cantaré los milagros de Jesús
y le haré la ofrenda de mis labios,
por su pacto de amor
dará a la débil carne, a la boca terrenal,
mediante la llama sagrada, fuerza.




Jesús sigue siendo mi alegría,
consuelo y savia de mi corazón,
Jesús me defiende de toda pena,
Él es la fuerza de mi vida,
el gozo y el sol de mis ojos,
el tesoro y el prodigio de mi alma;
por eso no quiero a Jesús
fuera de mi corazón y mi vista.

5 comentarios:

  1. Pienso que una de las funciones principales del Arte es la CONMOVER; en el sentido de tocarnos fibras de nuestra sensibilidad que permanecen dormidas o latentes, hasta que nos enfrentamos con un suceso u obra que las pone de manifiesto. Esta función del Arte como inductor y catalizador de emociones, capaz de remover lo más profundo de nuestro espíritu para ayudar a que aflore ese sentimiento, me parece que es la prueba del algodón de cualquier creador.

    Eso me pasa con Bach en grado superlativo. Toda su obra además de ser equilibrada e impecable formalmente, está impregnada de una emotividad, imbuida claramente por su fe (luterana) que permanece, emocional y artísticamente, inalterable con el paso del tiempo.

    ¡Con qué dulzura, equilibrio y sosiego pone música Bach a esta parte!:
    “Tengo a Jesús, que me ama
    y se me entrega como algo mío;
    ah, así, no quiero abandonar a Jesús
    aunque mi corazón se rompa.”

    Las Cantatas sacras, como exponente destacadísimo en la producción religiosa de Bach, conforman un repertorio por sí solo impresionante de la simbiosis entre fe y arte, abarcando toda la gama emotiva de los preceptos de pureza y vuelta al origen de la fe luterana.

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  2. Yo también pienso como Locuaz: una de las principales funciones, quizá la primera de todas ellas, del arte es la de conmover el alma, prepararla para alcanzar un estadio superior. Sin duda esta música lo logra con creces. Esta música acerca a Dios, sin duda. Quizá porque la mejor manera de hacerlo es a través del corazón. Y es estas notas llevan al corazón hasta el último de los cielos.

    Gracias por traérnosla hasta aquí, Bate.

    Saludos.

    S. Cid

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  3. Yo no quiero a Jesús fuera de mi corazón. El solo se va si se le insinua a no estar en él.Es igual si no tengo la visión. Yo lo quiero dentro de mí. Mi deseo para que tampoco salga nunca del tuyo. Depende de nosotros. Un abrazo

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  4. Tengo a Jesús que me ama. Cuanto me ha gustado leerlo. Siempre lo tenemos hasta que le invitamos a marcharse. Yo tampoco quiero a Jesús fuera de mi corazón. El no se va si no se lo decimos y es igual si está fuera de mi vista. Dentro, dentro, dentro de mi alma es lo que quiero. Es lo que deseo para todos Y con El la luz siempre está. Esa luz que siempre deseo para tí. Un abrazo

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  5. perdona que haya repetido el mensaje. No había visto la moderación de comentarios. Bueno comprobarás que más o menos digo lo mismo.

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