martes, 27 de octubre de 2009

(Ein deutsches Requiem) Op.45


Nunca voy buscando nada en esta música.., pero al final siempre encuentro algo.
Nunca falla. Es como ese hombre de campo, adusto y terco, que sale a buscar setas y se encuentra con una maravillosa tormenta de otoño que le aligera la espalda de sus cargas cotidianas.
En la cotidianeidad del peso es donde Brahms aposenta esta Misa. En la soledad del dolor que acompaña esta liturgia sonora -que hace que se cumpla ese adagio según el cual la belleza es incorruptible- se encuentra el verdadero sabor de tan alta disciplina.


















2 comentarios:

  1. No conozco a Bramhs en profundidad. Las sinfonias más conocidas, algunos excelentes cuartetos para cuerda...y por supuesto este magnífico Un Requiem Aleman, que ademas es mi obra favorita del músico.

    Pero es que además desde mi punto de vista, es una de las mejores obras corales de todos los tiempos.
    El pueblo aleman siempre se podrá redimir apelando al espíritu de esta obra capital.

    Escuché una versión cantada por Victoria de los Angeles, verdaderamente sublime.

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  2. Llevo tres días poniendo un comentario en tus post. De repente desaparecen.Será que no tienen que estar. Quiero confesarte que me apasionan los requiem de cualquier compositor. Es un momento en el que pienso en los sentimientos del autor en el momento de componerlos. ¿Cuál sería su reflexion sobre el tema? No me ha decepcionado ninguno y me encanta que hayas traido a Brahms.Un saludo

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