martes, 13 de octubre de 2009

AGAETIS BYRJUN II

Cuando era pequeñito -más que ahora- y metía la pata hasta el corvejón, buscaba como un pájaro.
El nido de un pájaro. Mi padre era como un sol al que le temía más que un pájaro teme un zarandeo de nido. Mi padre es mi padre, y un árbol es un nido.
Nunca se me ocurría molestar a mi padre, el niño rodeado de cinco hermanas sabrá lo que siento.
Crecí con la absoluta trascendencia de saberse amado por un padre, al que temía, y al que veneraba.

A un padre sólo se molesta en situaciones grave.

Mi madre al saberse que yo me iba con el Padre decidió que todavía no era el momento.
Mi madre es mi madre, flor eterna de bondad, orgullo de mi sangre.
A veces tiene que haber un intermediario para que a sus orejas llegue que una de sus criaturas corre peligro.
Cuando surgía un problema en mi dulce existencia recurría a mi hermana mayor, teniendo la absoluta certeza que pasaría por mi madre.
Llegaba a mi padre.
A veces es necesario tener intercesores.
Así veo yo la relación con el Padre. El está ocupado con cosas que a mi se me hace imposible molestarlo. Cuando mi amiga S. sugiere que todo es directo es probable que lleve razón, pero hay seres que están más cualificados que otros, más cercano a la luz.
Se me hace tardío entender.
Las cosas de los mayores hay que dejarla a los mayores.
Me conformo con saber que hay un mensajero.
Y a veces ni siquiera eso.



3 comentarios:

  1. Bueno, quien decía eso era mi padre, Bate, y aunque -como señalé- su argumentación me parecía muy lógica..., todos, en esta vida terrenal, para llegar a nuestro padre hemos acudido primero a nuestra madre... Si sabrán ellas hacer cómo llegar una petición ;-). ¿Por qué no hacer lo mismo, entonces, con el otro Padre?

    Yo acudo a Dios directamente con muchísima frecuencia, pero no reniego de la intercesión, ¡qué va! Si lo hiciera, aquí se plantaba ahora mismo mi San Nicolás de Bari a reprochármelo (que anda que no le he dado la vara... y siempre me ha escuchado) o mi nuevo santo, desde hace diez años, que tiene mi total, absoluta y leal confianza.

    Saludos amistosos. :-)

    S. Cid

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  2. Si hasta la Madre intercedió aquella vez, por los novios que se casaban en Caná de Galilea, y le dijo al Hijo: 'No tienen vino', y todos sabemos como acabó la historia, supongo que todos muy contentos con una copa en la mano...
    Yo creo que al Padre le tiene que gustar que pidamos las cosas por medio de sus intermediarios, que están más cercanos a nosotros, que fueron como nosotros o que están ahí, a nuestra espalda, rozándonos con las alas mientras escribimos en el blog.

    Besos

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  3. Qué bonito lo has explicado. Las cosas de Dios se entienden muy bien desde la perspectiva humana, por algo estamos hechos a su imagen y semejanza.

    María es la Omnipotencia Intercesora. ¿Tú le negarías algo a tu madre? Pues Dios tampoco.

    Besitos.

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