sábado, 4 de julio de 2009

" Yo también tengo mucho poder "

IGNACIO RUIZ QUINTANO Sábado, 04-07-09 (ABC)

SE lo dijo a un viejo artista del nuevo Régimen, quien, en el receso de la imponente tertulia cultural en La Moncloa («os advierto que yo soy un experto en Borges»), le preguntó qué le parecía Bush:
-¿Bush? Bueno, yo también tengo mucho poder.
Así es Zapatero.
Sube la luz, pero, a cambio, él cerrará la central de Garoña. Dice que ha de cumplir esa promesa. Había otras, como la del pleno empleo, pero, camino de los cinco millones de parados, Zapatero se propone cumplir precisamente la del cierre de Garoña. ¿Por qué?
John K. Galbraith refiere en sus memorias que el ataque japonés a Pearl Harbor en 1941 estuvo inmejorablemente proyectado para poner en pie al ex combatiente más reacio. En un plazo de horas, llegó la declaración de guerra a Estados Unidos por parte de Hitler.
-Se me hace difícil -confiesa Galbraith- describir el alivio que supuso enterarnos de tan monumental demencia.
Años después, en un interrogatorio a Joachim von Ribbentrop, ministro nazi de Exteriores, en Ashcan, Luxemburgo, se le preguntó la razón para prescindir de todo vestigio de inteligencia, y replicó que Alemania se había visto obligada por las cláusulas de su tratado con Japón e Italia.
-Un joven ayudante bilingüe que estaba ocupándose de la traducción preguntó por su cuenta: «¿Por qué fue ese tratado el primero que decidieron respetar?»
¿Por qué el cierre de Garoña es la primera promesa que Zapatero decide respetar?
Según el departamento de propaganda de Televisión Española, porque Garoña fue inaugurada por Franco, que es verdad, y porque «España exporta energía», que es mentira. El resto pertenece a la defensa del absurdo de Chesterton:
-Basta con romper la promesa que se le hizo a un gato para que el mundo entero acabe patas arriba. Basta con romper la promesa que se le hizo a un enano amarillo y el mundo entero acaba patas arriba.
Steiner sostiene que la irreversibilidad de la palabra una vez ha sido dicha obsesiona a muchas culturas y sensibilidades, aunque no, desde luego, al progresismo español. Steiner insiste: tal como nos enseñan los cuentos de hadas, la promesa descuidada (en alemán, «prometer», «versprechen», también significa «tropezar con las palabras») no puede retirarse. ¿Hablará en alemán Zapatero?
Volaban siguiendo el Mosela después de una sesión de interrogatorio a los mandos nazis en Ashcan: Goering hundido en el síndrome de abstinencia y el resto de la congregación de seres descompuestos, físicamente arruinados y muy deprimentes. Triste y al borde de las lágrimas, el piloto le confesó a Galbraith la razón de su pesar:
-¿Quién iba a pensar que estábamos haciendo la mayor guerra de la historia contra ese puñado de lelos?
Y dice Galbraith que, mientras las viñas corrían apaciblemente bajo ellos, él también reflexionó sobre lo mismo.
Sube la luz, pero nos cierran Garoña.

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