jueves, 30 de julio de 2009

El Gran Silencio II



Hace justo un año pasé por una gripe harto complicada. Habíamos alquilado una casa de campo en la sierra de Segovia, cerca de El Espinar. Un bonito lugar para descansar, reflexionar y pasear a la luz de la luna más cercana y familiar que jamás antes había disfrutado. Más parecía la luna un huevo frito plasmado en el cielo serrano, que un astro; tal como lo cuento.
Nunca he visto una luna más viva, próxima y bella que la que divisé en esos días de gripe y memoria. La gripe siempre tiene en mi la virtud de actuar como una palanca que liga el presente con el pasado. Suena raro, pero es lo que hay. Pat estaba embarazada, por lo que creímos lo más prudente que hasta que no se fuera la gripe de mi vista, yo estaría mejor solo en esa casa.
El crepitar de las llamas de la chimenea asistía los amaneceres frescos y claro, abrazando la luz púrpura que los reflejos del fuego estampaba por toda la estancia como una fértil hoguera. Me pasé los tres días que duró la enfermedad, escuchando a los monjes trapenses del monasterio del Grande Chartreuse, y viendo una y otra vez la película-documental que filmó el director alemán.
No se porqué hay épocas en la vida de uno que quedan marcadas para siempre, dejando unas huellas difícil de cortar. Días que no tienen nada de especial, ni prueba que uno creyese en ese instante que la infalibilidad del tiempo se iría a cebar con aquellos momentos.
A veces encontramos lo sobrenatural en las cosas más sencillas. Entre monjes, humo, plegarias, insomnio, medicina y quebrantos, la majestuosidad del Creador de la vida se hizo más presente.


3 comentarios:

  1. En esos momentos es cuando más consciente eres de tu existencia, de todo lo que te rodea, y de la majestuosidad del Señor,hacedor de todo lo que conforma la vida.
    Yo viví algo semejante,en otras circunstancias.
    Saludos.

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  2. Qué gran película. La tengo en mi videoteca. Es una continua contemplación. Y el director ha hecho una gran obra. Mantener casi tres horas al espectador sin palabras . Eso sí es hacer arte.
    Genial.

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  3. bate no he visto esa película. Tu experiencia me ha gustado mucho a pesar de la gripe, como mejor se cura.

    Cuando mis hijos eran pequeños, alquilamos una casita en la Sierra de Aracena (Huelva), sín luz, ni agua potable, durante dos años fuímos los fines de semanas. La cocina era una barbacoa, el agua para beber la llevábamos de casa en garrafas. La casita tenía un salón amplio con una chimenea hermosa, dos dormitorios y un cuarto de baño precioso.

    Estaba situada en un prado totalmente aislada, es una experiencia que recomiendo a todo el que se atreva.

    Los niños lo valoran más que los mayores, no les importa absolutamente nada la tv., ni las pamplinas que les compramos.

    Te levantas a las claras del día y te acuestas cuando se va el sol, ahí se ve en todo su esplendor la Gracia de Dios que pocos valoramos.

    Saludos

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