lunes, 27 de julio de 2009

DIARIO DE UN CURA RURAL



Ahora que todo el mundo en tertulias culturales, semanarios, etc., recomienda un libro ameno y entretenido para las lecturas de verano, cuando se está arremolinado como una gaviota en la arena de la playa, y pendiente de que el camarero del chiringuito nos traiga la ración de sardinas con los tintos de veranos que hemos pedido con todo el cariño y la ilusión del mundo, yo quiero suplicar a mis amigos Inter náuticos y demás que suelen pasarse por este humilde blog, que no dejen de leer Diario de un cura rural, del inmenso Georges Bernanos (1888-1948).
Entre el autor y el personaje principal de la novela, hay todo un mundo en común. Bernanos se crió en un ambiente católico y burgués, conservando siempre en su obra un gusto por la infancia, es decir, por la inocencia.
Ya el diablo se está dejando de dejar montones de mecanismos, tan prontos inventados como pasados de moda, y actualmente no pone más que un minúsculo paquete de heroína, de cocaína, de morfina, cualquier porquería de polvo que no le cuesta muy caro. ¡Pobres tipos! Se marchitan hasta en el pecado… No se divierte quien quiere. La minúscula muñeca de cuatro años hará las delicias de un chiquillo durante toda una temporada y en cambio un hombre maduro bostezará ante un juguete de quinientos francos. ¿Por qué? Porque ha perdido el espíritu de su infancia.
Este extraordinario escritor también creó otra obra maestra de la inocencia y el amor, Diálogos de carmelitas, texto que le serviría después a otro coloso como Poulenc para su ópera del mismo nombre.
También sus páginas nos adentra en temas siempre candentes y escondidos en la inmensidad de la monotonía diaria de un creyente, y de cualquiera con un mínimo sentido de la trascendencia.
¡No, no he perdido la fe! Esa expresión " perder la fe", como si se perdiera el monedero o un manojo de llaves, me ha parecido siempre un poco necia. Sin duda pertenece a ese vocabulario burgués, legado por esos tristes sacerdotes del siglo XVIII, tan habladores (no hay que irse al XVIII, Sr. Bernanos). No se puede perder la fe…. Algunas veces parece que se ha alejado, que subsiste donde yo no me he atrevido a buscarla; en mi carne, en mi mísera carne, en mi sangre y en mi carne perecedera pero bautizada.
Reconozco que uno de los momentos más emocionante ha sido el noble canto que Bernanos musita a las amas de casa, ahora que parece que nadie en esta falsa e hipócrita sociedad quiere valorar el sacrificio de las que siempre han estado ahí, nuestras madres.
Esa voz valiente y resignada que apacigua al borracho, riñe a los niños indóciles, adormece al niño de pecho sin pañales, discute con el acreedor implacable, implora al alguacil, tranquiliza a los agonizantes; la voz de las amas de casa, igual a través de los siglos, la voz que se enfrenta con todas las miserias del mundo…
Solo una cosa más. Estos son de los libros que nos plantean que carajo estamos haciendo con nuestra vida, y si lo que estamos haciendo, está amarrado.
Disfrútelo.

3 comentarios:

  1. Me lo apunto en mi lista de lecturas veraniegas.
    Había leído "Diálogos de carmelitas", que me pareció una auténtica delicia.
    Saludos.

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  2. En primer lugar si tu blog es humilde. Ya podemos dejar de escribir unos cuantos y cerrar el chiringuito. A mí lo que escribes me apasiona. Me ha gustado muchísimo el párrafo referente a perder la fe. Es verdad que no puede perderse, pero ¿arriconarla, esconderla,
    alejarse? ... precioso post como todos.
    Un saludo

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  3. Muchísimas gracias por la información, Bate, ahora mismo me pongo a la busca y captura...Un abrazo!

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