domingo, 21 de junio de 2009

Un sutil y bravo (por los cojones) follonero



Supongo que habrán visto ya esta basura, y si no, disfruten con el buen rollo que se gasta esta lagartija (hoy no paro con estos bichos asquerosos) con su amigote, el hombre de paz ¿recuerdan?. No ha pasado mucho tiempo, (unos cuantos asesinados) desde que el presidente Zapatero se dirigiera a esta basura de esa forma tan cortés. Ya se sabe, entre caballeros se guarda este trato decimonónico, (como me gusta el palabro) marcial y sincero. Cuanta comprensión y sinceridad , virgen del amor hermoso. Yo creo que el Oteguieterarra y el Zampabollos, en otras circunstancias, digamos que más proclive a la pazzzzz, se volverían a rejuntar como dos sanguijuelas pendientes de lo suyo, ¿ que qué es lo suyo?...,ahhh...que nos lo van a decir. Todos lo sabemos, y la izquierda caviar/iraní, más. Que se explaye el pollonero con su colegui...
Youtbe dice que Inserción desactivada por solicitud, les enlazo con el Link
David Guistau, que es un tipo listo lleva un par de semanas comentando la pericia del payaso este con el payasoak vaskoetarra.
Otegi y 'El follonero'
El encuentro de 'El Follonero' y Otegi sentados sobre los peldaños de una escalera poco tuvo que ver con el de los Panteras Negras y Leonard Bernstein en un lujoso ático de Manhattan. Para Tom Wolfe, que elogió los canapés servidos por Bernstein y la cortesía de índice tieso con que discurrió el descubrimiento mutuo de dos ambientes sociales antagónicos, los Panteras eran unos malotes de atrezo con los cuales era fácil e inofensivo para los marxistas rococó rebajar el complejo de culpa burgués y dejarse arrastrar por la fascinación intelectual ante una violencia sin cadáveres. Algo semejante a lo que nuestros turistas de la utopía siempre buscaron en la selva Lacandona, entre poemas, cananas decorativas y escopetas de corcho.
Mayor es la dificultad moral que representa Otegi, símbolo y ariete político de una violencia con estela de cadáveres por quien El Follonero, sin renunciar al colegueo, se dejó impartir lecciones de política civilizada y sobre cómo instruir al pueblo español en cultura democrática. El simpático reportero, que no en vano había ido a hacer humor y a ser guay, en ningún momento cometió con su invitado la insolencia de preguntar a partir de cuántos tiros en la nuca puede darse por asimilada la lección de cultura democrática. O qué dosis es necesaria de extorsiones y secuestros como aquellos en los que el propio Otegi participó cuando aún era un terrorista alborotado sin posibilidad alguna de pasar por hombre de paz ni de protagonizar divertimentos tan superficiales que ni siquiera reparan en las honduras de un dolor mucho más definitivo y cierto que cualquier fascinación intelectual.
A El Follonero se le sienta al lado Otegi y su principal preocupación es averiguar si España podría contar en Eurovisión con los 12 puntos ofrecidos por un País Vasco independiente. Muy graciosa la pregunta, e igual de útil para evitarse problemas que la partida de tute no interrumpida de Azpeitia. Es probable que El Follonero jamás hubiera dado semejante tratamiento a Otegi si no fuera porque la humanización del etarra es una herencia de la pasada legislatura de la cual los afines a la oficialidad no están del todo desprogramados. Pero lo más encantador fue asistir a los escrúpulos de El Follonero cuando se preguntaba si renunciar a coleguear con Otegi sería autocensura. Hasta la democracia más abierta debe identificar a sus enemigos, los que matan a su gente ya sea en la teoría o en la práctica, y decidir sin remilgos que hay cosas que no se hacen con ellos por respeto a tanta sangre derramada. Por ejemplo, chistes.
Puelles será estadística
VOLVAMOS a la entrevista del Follonero a Otegui. La que de pronto se ha vuelto aún más obscena que cuando fue emitida. El simpático reportero no podría ahora negociar con Otegui los 12 puntos de Eurovisión concedidos a España por un País Vasco independiente. No cuando un policía acaba de achicharrarse entre los hierros de un coche reventado por una bomba lapa sin que Otegui haya hecho la catarsis de condenar, tal y como le pedía el Follonero como si le estuviera dando un consejo para dejar de fumar.
Pero Eduardo Puelles no es el primer hombre que sucumbe a un crimen semejante. Antes que él, hubo cerca de mil, niños incluidos. Y, a pesar de ello, el Follonero le habló, enternecido y condescendiente, como si fuera el bajista de una banda de rock culpable tan sólo de haber arrojado algún televisor por la ventana del hotel. Por lo tanto, la pregunta es: ¿cuánto debería esperar el Follonero para volver a humanizar a Otegui? Ahora toca la rutina de la rabia contenida y de las proclamas de unidad y resistencia. Pero cuánto dura eso antes de que Puelles se disuelva en la estadística, como todos los que murieron a manos de la Camorra vasca antes que él. Antes de que humoristas y artistas de progreso, los mismos que criminalizan al PP hasta el punto de exigir un cordón sanitario, vuelvan a atribuir a los verdaderos criminales una naturaleza tan ambigua y disculpable que lo mismo admite chistes que rosas blancas.
Ahora Pachi López y Zetapé prometen resolución y cárcel para los asesinos de Puelles. Pero los casi mil muertos anteriores, cuando no eran ya sino estadística, y no chillidos en un aparcamiento por la mañana, no les impidieron hablar de los hombres de paz, ni declarar que la vida de De Juana Chaos era importante para el Estado, ni sabotear acciones policiales con chivatazos como el del bar Faisán, ni crear por cálculo político un ambiente tal que en la Ser se llegó a decir que el PP era menos democrático que la propia ETA. Así pues, ¿cuán creíble es nuestra conmoción por lo que le ha sucedido a Puelles? ¿Por cuánto tiempo será inconcebible que un humorista le haga a Otegui una entrevista de blanqueo de imagen? Por lo menos, reciente el crimen, al Follonero no le habría quedado más remedio que preguntar a Otegui si las lecciones de civilización que necesita el pueblo español para ser educado en un espíritu más democrático consisten en quemar vivo a un hombre dentro de su coche. Esa pregunta, al menos hoy, no podría haberla esquivado antes de entrar en lo que de verdad importa: los 12 puntos de Eurovisión.

3 comentarios:

  1. Hola Bate,
    pues no, no había visto esa basura. Esas dos basuras, esos dos coleguillas.

    Como dices nada cambia un muerto más. Lo que quiero decir es que esa entrevista es una indecencia tanto antes como después del último muerto.

    ¿Estrecharle la mano a Otegui es un signo de educación o de miseria moral?
    Un saludo

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  2. Claro que pasará a formar parte de las estadísticas, y punto. Porque en octubre si van a la puerta de la universidad a preguntar a los que allí pasan el tiempo si pueden decir tres nombres de víctimas de ETA, ninguno sabrá dar razón.
    Esto es lo que hay, ¿hasta cuando?

    Un abrazo

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