miércoles, 10 de junio de 2009

Preludio de la quinta Suite para violoncello de Bach

Cuando Juan Sebastián Bach se puso con la quinta Suite para violoncello en do menor, ojo con esta tonalidad, que derrumba al más engreído. Quiso dejar claro que para interpretar y desentrañar esta música, haría falta algo más que músculos y escuela, técnica y tesón. Si las Suites del viejo peluca son la Biblia para el violoncello, concretamente esta, son los Salmos de alabanza que debemos cantar más con el corazón, que con la razón, más con la fe que arrincona dudas, que con sombras de certezas.
Sólo podemos atacar este promontorio de vuelo, seguro de nuestras posibilidades. Si las hay, que esa es otra.
Nada más vacío que el dolor, y nada más lleno, que el soplo que deja ciego de amor.


Él es como un árbol
plantado al borde de las aguas,
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.

( Salmo 1, 3 )


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