jueves, 18 de junio de 2009

Glenn Gould & Leonard Rose interpretan a Beethoven

Normalmente, cuando se escribe de música hay que guardar unas ciertas reglas, digamos que básicas. Si se va a comentar, como es el caso, una sonata para violoncello y piano, o para flauta y piano, se debe comenzar por el instrumento solista. En este caso Beethoven, creo que no dejó claro quien era aquí el instrumento solista, la voz primera y, postrera. En ese caso comencemos con el pianista;
Glenn Gould (1932-1982). Su forma ecléctica y entusiasta, sincera e irreverente de darle a las teclas, hace que su piano me llegué con mucha fuerza. Alguien puede ver amaneramiento y pose en su ejecución, y es probable que lo haya, pero a mi, me da igual. Me maravilla el resultado de su, llamémosle, técnica iconoclasta. Lo importante es el resultado, no creen.
El violonchelista Leonard Rose, (1918-198) es un auténtico fuera de serie, solo verlo coger el chelo, ya denota una maestría insuperable. Sólo añadir que Rose, sabía para quien tocaba. A los músicos profundos, se les ve venir de lejos. Supera en técnica y hondura, a muchos nombres sagrados que ahora no vienen al caso.
La elegancia y la aristocrática forma de entender la fluidez de la obra por parte de los dos, hace de esta versión de la sonata para violonchelo de Beethoven, una obra maestra, sublimizando la de ya de por si, grandeza del genio.
Disfrútenla, cierren los ojos y descubran los abismos sensitivos que se esconden tras cada nota.

Es cuestión de abrir los oídos.





Y como el tercer movimiento no lo puedo bajar con Gould y Rose, les dejo con la Nelsova y John Newmark al piano, que tampoco es mala cosa, oiga.

2 comentarios:

  1. Es curioso observar la forma en que los grandes intérpretes abordan su “puesta escénico-interpretativa”. Unos más expresivos, otros más hieráticos. Creo que ello denota en primer lugar su conocimiento, su maestría como dices, y también como interiorizan la partitura, que conmoción interna les produce su ejecución. Es una mezcla de virtuosismo, técnica y lo más importante, que es algo que está aun por encima de estos dos factores: la aportación de su genio, el tamiz personal no exento de profundo estudio, de la música que interpretan.
    Estos dos genios brillan a la misma altura. El dúo requiere de una sincronía y coherencia de sus temperamentos para dar así esta maravilla de interpretación. Así Beethoven es aún más grande.

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  2. Se que a tí te gusta bastante Gould.

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