miércoles, 1 de abril de 2009

MUSTIO


Siempre que comienzo a notar los días cargados de un exceso de melancolía, tiendo a pensar que todo pasa, que nada persevera tanto en esta vida como para minar la fortaleza de una mente, ya de por si robustecida en unas cuantas batallas.
Siempre, me han distraído las luchas fraticidas que sostengo conmigo mismo, en las que uno no sabe quién gana, si el yo bueno, o el yo malo, si el yo que ve la botella medio llena o el que se la bebe. Cuando sucumbo a esta dinámica de asuntos menores para el resto de la humanidad, pero cruciales e infinitamente delicados para mi, me coloco en posición de cubito supino y espero que pase el temporal, que amaine las velas de la imprudencia, y deje paso al anticiclón que traerá las tardes amenazantes de sabores, calmado de justicia en justa correspondencia.
Y es que no hay nada como una siesta reparadora que restaure lo que inevitablemente se deteriora. Las fauces descansa, no entran moscas y todos tan contentos, las moscas y yo. Uno llega a exasperarse de cosechar tantas moscas.
Me conformo con poco, pero cada vez necesito más que las pocas horas de sueño que me alimentan sean profundas, calme la boca del estomago, no me importunen con tonterías y hagan que me siente lleno de vida cuando despierte.
Hoy me encuentro con la agradable sorpresa de leer a un tipo que viene a decir que una persona que no descansa en condiciones, no cumple los requisitos mínimos para cargar con las cosas del día, para llevar la cara recién lavada; expresión suprema de un estado exquisito, la cara recién lavá y la ropa recién planchá.
Es verdad, si no descansamos, nos venimos abajo, nos derrumbamos de la forma mas prometedora que tiene el cuerpo de fallarnos, olvidando cosas. Si no descansamos nos despistamos, si no recobramos el vigor que nos da el sueño, olvidamos las faenas, la voluntad, el bosque no nos dejará ver el cielo, y el cielo caerá sobre nosotros como cayó el imperio azteca ante la cruz, sin remordimientos.
En la infancia somos felices porque dormimos con toda la pasión que nos deja el ángel de la guarda, ese que a veces se olvida de nosotros y no aparece por ningún lado, pero sigue ahí, donde queramos que esté, controlando la botella, o bebiéndose a sorbos nuestros…, no encuentro lo que tiene que beber.
La melancolía es una pieza de ballet que danza entre los rincones mas ocultos de la casa, la llevamos encadenada a nosotros como Atila iba ensamblado a su heroico elefante. Tiremos la llave al pozo.

4 comentarios:

  1. Dormir es maravilloso. Es uno de los grandes placeres de la vida. Descansamos y cambia todo. Y como decía la otra, "mañana será otro día".

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  2. “La melancolía es una pieza de ballet que danza entre los rincones mas ocultos de la casa, la llevamos encadenada a nosotros como Atila iba ensamblado a su heroico elefante. Tiremos la llave al pozo.”

    Amén, mí estimado Bate

    Le mando un abrazo fuerte

    Atentamente
    Una melancólica incurable

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  3. El sentido del equilibrio. Creo que la mayoría de los mortales no somos más que péndulos que vamos oscilando entre las flaquezas de la vida. La armonía del alma queda sólo reservada para unos pocos y los demás nos debatimos en una continua sucesión de subidas y bajadas, que dependiendo de la persona puede ir desde un tobogán de niño, a una montaña rusa diabólica de cualquier parque temático (traumático) al uso.
    Tú conoces bien mis circunstancias, y sabes que esa tendencia medicamente se puede agravar sobremanera.
    Afortunadamente el sueño y el descanso nos pueden traer serenidad al alma. Como si de una pequeña muerte se tratara, nos hace renacer día a día para enfrentarnos a los problemas materiales y espirituales de la existencia.
    Aún así, envidio a los que aun teniendo situaciones difíciles, complejas, críticas que afrontar, pueden desconectar el resorte y descansar a pierna suelta sin que ello les atenace ni angustie.
    Si estás atravesando la típica época de bajona (no nos olvidemos de la astenia primaveral), sólo te puedo decir que ánimo y que pronto pasará y que aquí estamos para lo que te haga falta.

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