sábado, 14 de marzo de 2009

Ratzinger y la palabra.



Una osadía.

Si dividimos a la iglesia católica en dos corrientes por llamarlo de alguna manera, de pensamiento, ponemos de un lado la razón, y en otro la fe, a Juan Pablo II lo ubico dirigiendo la fe, mientras que el testimonio de proclamar las Sagradas Escrituras a la luz de la razón, recae en el Papa Benedicto XVI.
Tengo al Obispo de Roma como el teólogo mas lúcido de la iglesia presente, el más brillante, el que dispone de una prosa capaz de sumergirnos en los Misterios de la forma mas maravillosa y sencilla que he leído jamás. Y esto, la sencillez, hace que de una forma sobrenatural experimentemos, atrapado en su magisterio, nuevas sendas que se abren a nuestros ojos, inéditos y abundantes rastros de eterna belleza, caudalosos arroyos de pensamientos puros y palabras claras.
Siempre es emocionante y reparador ilustrarse en ideas que nacen de la bondad.
Lo mas sencillo en esta vida es juzgar algo o alguien por su aspecto físico, criticar lo que tenemos enfrente; preferimos mirar que ver, oír antes que escuchar.
Este Papa quizás no transmita la nobleza de Juan Pablo II, ni la bondad de un Juan XXIII en los últimos días de su vida, pero la profundidad del mensaje de Joseph Ratzinger está al alcance de muy pocos, dentro de la iglesia, y por supuesto, fuera.

Para muchos el escándalo de la cruz
es más insoportable aún que el trueno
del Sinaí para los israelitas

Mi idea era hacer una breve reseña sobre el libro Jesús de Nazaret, que tanta alegría me ha dado, pero visto la cadencia que libra este artículo, obstaré por improvisar, que es lo que suelo hacer siempre.

Si el vibrato es la facultad del alma de un chelista que se precie, la sintaxis es la piedra de toque de cualquier texto, y cuando escribimos de textos sagrados hay que tener el alma muy clara para salir fortalecido del choque, a Ratzinger le sobra claridad.

El libro de Job nos puede ayudar a distinguir entre prueba y tentación. Para madurar, para pasar cada vez más de una religiosidad de apariencia a una profunda unión con la voluntad de Dios, el hombre necesita la prueba. Igual que el zumo de la uva tiene que fermentar para convertirse en vino de calidad, el hombre necesita pasar por purificaciones, transformaciones, que son peligrosas para él y en la que puede caer, pero son el camino para llegar a sí mismo y a Dios.

Tampoco está a falta de coraje al denunciar el atolondramiento de las formas en la misa e indica que en la vida de la iglesia es dramáticamente urgente una renovación de la conciencia en la liturgia. Lo que yo vulgarmente diría, más Palestrina y menos guitarritas.
Estoy convencido de que la crisis eclesial en la que nos encontramos hoy depende en gran parte del hundimiento de la liturgia, que a veces se concibe directamente “etsi Deus non daretur”: como si en ella ya no importase si hay Dios y si nos habla y nos escucha. Pero si en la liturgia no aparece ya la comunión de la fe, la unidad universal de la iglesia y de su historia, el misterio del Cristo viviente, ¿ dónde hace acto de presencia la iglesia en su sustancia espiritual?

Hay en toda la obra benedictina un soplo que recorre cada rincón de la casa y es una letanía que arrebata por su visión cosmológica, tanta belleza en unas palabras.

De ti ha dicho mi corazón:

“Busca su rostro”. Sí, tu rostro señor, es lo que busco;
No me ocultes tu rostro, no rechaces irritado a tu siervo.

(Salmo 27, 8-9).



















8 comentarios:

  1. Ratzinger tiene una profundidad teológica,que efectivamente,no tenía Juan Pablo II.
    Y es que además,Jose,en estos tiempos convulsos,donde el nihilismo campa a sus anchas y hay una terrible pérdida de valores y principios,el mensaje claro y contundente de la Iglesia es más necesario que nunca.
    Ahora que estamos asistiendo a la relativización del concepto de la vida humana,como es el caso del aborto,el mensaje de Benedicto XVI debe ser más nítido que nunca.

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  2. Yo ando pesimista Bate

    Veo a mi país y al mundo en general, sumidos en tal nivel de descomposición social y no solo por la perdida de valores, sino también por la perdida de esperanza y de fe en Dios... y en la humanidad. Muy triste el panorama.

    Un abrazo

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  3. Marichuy: La perdida de esperanza, acarrea la falta de valores. Decía G.K. Chesterton que prefería creer en Dios a creer en cualquier cosa, y se puede ser agnostico, ateo, incluso del Betis, pero lo que no hay que perder nunca de vista es la verdad. Ya sabes " la verdad nos hará libre"
    Un abrazo.

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  4. De este libro lo que más me impresionó fue el análisis y la explicación de cada una de las frases del Padre Nuestro.

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  5. Vaya por delante que no soy ni practicante ni papista, pero considero que el discurso de la Iglesia debe tener profundidad a la par que claridad y sencillez, tiene que ser capaz de dar la hondura teológica a sus preceptos y no dejar nunca de ser ejemplo de humildad cristiana, que en otros tiempos desde luego no ha sido. Creo que este personaje tiene talla intelectual como para cumplir sobradamente.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Morato, profundidad tiene y ha tenido, digamos que a habido momentos cargados de mensajes/abalorios, que chuirriaban con el Espiritu de los textos.

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