domingo, 1 de marzo de 2009

LA PIEDRA Y LA MUERTE.





Oh forma sacratísima, vértice de las flores, donde todos los ángulos tienen las luces fijas, donde nudos y boca construyen un presente, cuerpo con luz humana con músculos de harina. ( F. García Lorca )



Amanezco retozando de impaciencia al saberme que en un par de horas podré plantar mi vista en los albores y las profundidades de la iglesia del Salvador, restaurada.
Tengo la suerte de encontrarme con el Cristo que tallara Juan de Mesa allá por las terminaciones del siglo XVI en besapié, el mismo Cristo que observaban los estudiantes de anatomía en una Sevilla capital del arte, el mismo Cristo crucificado que nunca termino alcanzar de ver. Unos ojos que delectan la belleza formal del sufrimiento, la belleza total que nunca se resquebraja, la supremacía del Dios hecho hombre, la huella del Ecce Homo.

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