martes, 10 de marzo de 2009

CRISIS Y MIEDO.



“ Nosotros soportaremos mejor la crisis, siempre hemos sido pobre”, me comenta un amigo de la infancia, la adolescencia, la juventud y lo que quede por venir.
Y de lo que tiene que llegar, comienza a brotar un cierto repelús frío y seco, un escalofrío de mármol, un llanto de hambre que habremos de consolar con lo mejor que guardemos en las alforjas. Soltar lastre a lo prescindible, apretar los dientes y al toro, con dos cojones.

Es cierto que la vida pone cada cosa en su sitio, y que a lo mejor, en esta época de efusiones económicas y morales, no perder de vista las morales que de ahí parte todos los problemas contemporáneos, salimos fortalecidos., Dios lo quiera.
Por cada cristiano que caía presa de los leones en la decadente y bellísima Roma, germinaba miles de seguidores del Galileo. El sufrimiento es una terapia que ensalza espíritus nobles y arramblan por los caminos almas tibias y troyanas, basamento de soberbia e ignorancia a partes iguales.
Decía Chesterton que en todo aquello que vale la pena de tener, incluso en el placer, hay un punto de dolor o de tedio que ha de ser sobrevivido para que el placer pueda revivir y resistir.

En esta época que nos ha tocado y nos va a tocar sufrir, hay un factor nuevo, unos elementos distorsionadores y es que incluso los luchadores, a los que no se les caen los anillos heredados de los abuelos, a los que no le asustan los ogros de sonrisas estúpidas y talante de cabestro, incluso a esos, golpeará la marabunta.

Mi padre trabajó toda su vida desde niño hasta unos días antes de la jubilación, cuando lo empitonó un cáncer con cara de pocos amigos.
La última noche de aliento de su vida, agonizando, seguía luchando contra todo, la dignidad nunca le abandonó, le sobraba el pijama y le faltaba el aire, caminaba despacio hacia la luz, soltando lastre, pero sin flaquear, luchando.
Miremos a nuestros padres, a nuestros mayores, quizás aquí encontremos el salvoconducto que nos pueda servir de sendero para encontrar la salida. Ahí hallaremos la solución a tantas dudas que nos atenaza, a tantas preguntas embriagadas de indolencia. Y calmemos el espíritu que viene trotando fuerte la miseria.

- Aguantarse toca !!
Gracias madre.











3 comentarios:

  1. Que cierto es lo que dices, de la escasez de moral es de donde han surgido todos los problemas que nos acucian. España se ha convertido a pasos agigantados en la cuna de la mala educación, de la permisividad y de la falta más extrema de valores, es lógico que de ahí brote el desorden, la decadencia y la indiferencia que conducen al caos.
    Saludos

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  2. La frase de tu madre es una enseñanza enorme de vida; nunca podremos valorar en su justa medida a la generación de nuestros padres, que desde una situación precaria y sembrada de necesidades, nos han dado la mejor lección de generosidad. Esa generación es de otra pasta, una nobleza humilde que sacaba las fuerzas de la necesidad de romper con una cadena de miseria de posguerra y el anhelo de que sus hijos pudieran ser algo más en la vida que lo que ellos pudieron ser.
    En estos mementos de crisis, cuyas dimensiones y repercusiones empezamos a entrever, pienso que un pueblo que tiene educación y cultura mantiene y conserva la dignidad ante la adversidad y sabe también como comportarse y conducirse sin recurrir a fantoches mesiánicos oportunistas. Aquí hemos vivido en un ambiente de engañosa opulencia pero creo que no hemos hecho nada en el aspecto del “crecimiento personal” y MORAL. Espero que algún día aprendamos la lección.
    A mi modo de ver la única receta sostenible es la de Cultura, trabajo, amor.

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  3. La verdad es que la generación de nuestros padres y abuelos (vaya, quienes vivieron la Guerra Civil o los años justamente inmediatos, y sus hijos) nos ha dado una lección que aún no parece estar suficientemente clara: el llamado "milagro español" es, en realidad, el durísimo trabajo de una gente muchas veces pluriempleada y siempre sacrificada, dejándose la piel no sólo por sí mismos, sino sobre todo por su familia. Y ni una palabra altisonante, ni una queja.

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