viernes, 6 de febrero de 2009

La bellleza de una cofradía en la calle.


Puedo empezar diciendo lo mucho que hecho de menos la Sevilla que amo y quiero, la ciudad que es capaz de crear tanto arte, tanta belleza. La Sevilla que amaron los poetas, la Sevilla que cantaron los maestros.
La Sevilla que descubrí a hombros de mi padre por calle feria y esperando a Esa que vive en San Gil.
Puedo y quiero decir que tantos años empapándome de la Fiesta no valió para nada. Ocurre que luego pasa delante de mí esta clásica y exquisita cofradía y todo vuelve a empezar.
Sabré que un escalofrío de siglos remontará la noche y se hundirá en lo más profundo de la memoria.
Y mientras llega, sueño.
Y sueño con nubes de incienso que desvelan una mirada; esos ojos del Valle, ese valle de la infancia donde reposan los sueños.

1 comentario:

  1. Es que esas vivencias son las que conforman nuestra verdadera esencia;los recuerdos de aquellas emociones que vienen a nuestra memoria y evocamos,como es el caso que narras,Bate,cada vez que el Valle pasa ante tus ojos.
    Saludos.

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