lunes, 2 de febrero de 2009

Quinteto en Mi Bemol Menor para piano.

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Creo recordar la primera vez que llegó a mi vida el quinteto para piano de Robert Schumann, fue viendo Fanny y Alexandre, del director sueco, ya fallecido, I. Bergman. Reconozco que el cine de Bergman es difícil, pero esta música le da una substancialidad (vaya palabro) que lo hace único. El arte de R. Schumann, y esta música en concreto, se mueve por una intensidad dramática estratosférica.
Era el momento de empaparme de la Alta Cultura, que es aquella que nos trasciende por los siglos de los siglos, Amén.
Hoy ha vuelto a nevar en la sierra madrileña, a esto, a la nieve que cae, también le viene muy bien la música de Schumann, o el primer movimiento de la primera sinfonía de J. Brahms. Si tuviera que elegir una música para explicar la vida, elegiría probablemente este movimiento. Tiene tensión, drama, alegría, tristeza, esperanza, desasosiego, dolor, amor y final. Como la vida misma.
Todavía no he acabado se salir da la gripe. Me tiene un poco o mucho, apático.

Amo esta música, me la llevaría al fin del mundo...que probablemente es de donde venga...

2 comentarios:

  1. La muerte y la doncella

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  2. Desde un sur más lluvioso que nunca te animo a que te recuperes y estés de nuevo pateando esos caminos de la sierra del Guadarrama que tanto te gustan.
    Hace poco me llegó un comentario en el que se planteaba la carrera de Schumann como un continuo intento de “impresionar” a Clara su esposa (también compositora y excelente pianista como sabemos). Una lucha constante por deslumbrarla con la brillantez de su composición… un acto continuo de amor hacia ella.
    El que conozca algo de la biografía de R. Schumann sabrá que ésta estuvo dramáticamente marcada por su enfermedad mental. Puro caldo de cultivo del romanticismo mas brillantemente emotivo.

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