sábado, 21 de febrero de 2009

AZAHAR.






Dijo Umbral que él, escribía dos artículos al día, uno para comer y otro para vivir.
Yo me conformo con que me salga uno para dormir. Escribo fundamentalmente para conocerme mejor. Nada mas y nada menos, o nomes. Tan alta ejeculatoria se ve a menudo distorsionada por lo mundano, por la ligereza de lo monótono.
Al igual que el buen pintor de un trazo endereza una premonición, a mí, me consuela exhibir una corazonada a golpe de palabras escritas con el pulso firme de los días.
Tener los resortes suficientes para poder narrar el nacimiento del azahar en los naranjos de la ciudad prohibida no está a mi alcance, todo se andará. Es cuestión de técnica. Lo importante, el magma de la fragancia, está sujeto a mi memoria como un bebe al pecho de su madre. Me siguen faltando las palabras necesarias y elocuentes para poder transmitir la belleza de tan solemne acontecimiento. Punto. Solo queda esperar, estudiar , y todo vendrá por añadidura como fruta fresca que cae al vacío.
Siempre debemos de estar vigilante, velando la frase que nos quite de encima el peso de los días. Eso es la poesía. Ahí quedó. Sin querer me defino para mí la poesía, y lo comparto.
El Gran Motete: Dominus regnavit de Mondeville me viene a la cocorota como cúspide de verdades, pasadas, futuras y lo más tangible, presente. Desde el primer compás escudriñamos la belleza absoluta de una fragancia que marca el pulso de los días.
El azahar, la memoria, tiene quien le escriba.


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