miércoles, 21 de enero de 2009

Hay que tener valor


Estuve un año trabajando en el sevillano barrio de Torreblanca, arrabal teñido de pena, y de vida. Lugar humilde, de gente trabajadora. Y lugar castigado por la lacra de la droga y la marginación.
Trabajaba en una fábrica de trajes de flamenca (pura contradicción). Soy un experto en faralaes, doctorado en volantes y encajes por la Universidad de La Puerta Carmona. La factoría se nutría de los arreglos que hacían unas mujeres en sus casas/talleres. Yo estaba encargado de coordinar esos arreglos con las piezas maestras, es decir, acabar de confeccionar los trajes y que todo encajara como un puzle.
Un día, a primera hora de la mañana, vi salir de un piso a dos monjas, Hermanas de la Cruz por más señas. Me llamó mucho la atención y le pregunté a una de las mujeres del taller, colindante con el piso, que de donde salían esas monjas y que hacían allí.
- Llevan un par de semanas viniendo a la casa de un muchacho que tiene sida y se está muriendo. Pasan toda la noche con él y lo cuidan…hay que tener valor¡¡
Eso digo yo. Hay que tener valor.
Cuando el Obispo de Roma dice que ``Dios es amor”, supongo que se refiere a esto.

2 comentarios:

  1. Muy interesante la hiistoria... la verdad es que hay pocas congregaciones que trabajan y se acercan no a los pobres sino a los más enfermos. Tuvo que ser un angel en vida Santa Ángela... para que sus hermanas sean como son a día de hoy.

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  2. Es un cuadro que revela la idiosincrasia de la Sevilla real, la de los barrios, la que se aleja del topicazo. Muy certero.
    A mi modo de ver hay dos clases trabajadoras a groso modo:
    La que se afana día a día por mantener su nivel de vida, la que ve como pierde poder adquisitivo año a año (crisis aparte) aunque los más ricos cada vez ingresen más, la que tampoco se queja abiertamente puesto que el individualismo ya no lo permite, pero si es cínica y suspicaz, la que ya no piensa en movilizarse puesto que lo ideales se han emborronado.
    La otra es la que no se queja, la que no pide nada, la más humilde en la que habita la resignación cristiana y que ya tiene los días contados en un mundo donde la homogenización de clases (desde el punto de vista mental) es cada vez más irreversible.
    Tampoco es blanco sobre negro. Entre luces y sombras hay una gama compleja de tonos. Sólo es un enfoque faltaría más.
    ¡¡Volvamos a Mozart y a Israel!!.

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