sábado, 16 de julio de 2016

La muerte de Frédéric Chopin

El sacerdote Jelowick, en carta dirigida a la señora Saveria Grocholska, en París y fechada en 21 de octubre de 1849, relata así la muerte del eminente músico Chopin:
“Estimadísima señora: Estoy todavía bajo la impresión de la muerte de Chopin, ocurrida el 17 de octubre de este año. Ya desde hace mucho tiempo la vida de Chopin estaba suspendida de un hilo. Su organismo, siempre delicado y débil, se consumía día a día como la llama de su genio.
Todos se maravillaban  que en un cuerpo tan extenuado pudiera sobrevivir el alma que tenía, desde lo agudo de su intelecto al ardor de su corazón. Su rostro, semejante al alabastro, era frío, blanco y trasparente; y de sus ojos, con frecuencia velados por una nube, fulgía aún el resplandor de una viva mirada. Habitualmente, dulce, afable, exuberante de espíritu y de otras atrayentes cualidades, parecía desprenderse de la tierra.
Pero, ¡ay!, no pensaba en el Cielo. Buenos amigos, tenía pocos y de poca fe, no en su arte, del que eran adoradores, sino en más altas creencias. La piedad, que Chopin había bebido en los pechos de su madre polaca, era para él un lejano recuerdo materno. La irreligiosidad de sus compañeros se había infiltrado en su ánimo y extendido por su alma como una plúmbea nube de desesperación. Sólo su exquisita educación le impedía hacer befa o escarnio de la Religión. En tan deplorable estado moral le acometió la grave dolencia del pecho. Llegaron días en que le faltaba la respiración y ya advertía próximo su fin al abandonarle la presencia de ánimo. Todos fueron presa del mismo temor y calladamente entraron en la alcoba en espera del último momento. A ese punto Chopin, cuya alma había reaccionado por aquellos días, por efecto de las exhortaciones que como viejo amigo le había hecho, abrió los ojos y dijo:“¿Qué es lo que hacen aquí todos? ¿Por qué no rezan?”
Día y noche, continuamente, tenía sus manos entre las mías, para decirme:“Tú no me abandonarás en el instante decisivo”, y apoyaba su cabeza sobre mi hombro, como un niño se refugia en su madre cuando advierte el peligro.
De cuando en cuando, con éxtasis de fe, de esperanza, de gran amor, besaba un crucifijo. En otros momentos hablaba con ternura diciendo: “Amo a Dios y amo a los hombres… Me está bien morir así… Hermana mía preferida, no llores…; no lloréis, amigos míos…; yo soy feliz… Rogad por mi alma…”Otras veces, al dirigirse a los médicos que luchaban para salvarle la vida, exclamaba: “Dejadme que mi era, Dios me ha perdonado y me llama a su seno”, y después: “¡Bella ciencia que prolonga los sufrimientos!…”
Al acercarse la muerte, Chopín volvió a invocar el nombre de Dios, besó el crucifijo y pronunció estas palabras:“Ya me encuentro en la fuente de la felicidad”, y expiró confortada su alma por la más dulce serenidad. 

Así murió Chopin. Rogad por él, señora”.


jueves, 14 de julio de 2016

Víctor Barrio




La muerte gloriosa de Víctor Barrio en la plaza (“Aquí buscó la muerte / y encontró la inmortalidad”) ha excitado la imaginación de las culturas alternativas, que en las redes sociales montaron un espectáculo de eso que un juez posmoderno denomina “humor negro”, y el español vuelve a indignarse del revés, es decir, por los efectos en vez de por las causas.

A la corrupción (palabra religiosa) económica, que a tantos mohínes da lugar en sociedad, siempre la precede la corrupción moral: venimos de la posmodernidad socialdemócrata, cuya única razón de ser pasa por no llamar nunca a las cosas por su nombre, y va del ministro (¡mujer!) que declara que “abortar es como ponerse tetas” al periodista que titula que “un palestino apuñala a una colona de trece años”.

La policía usó un robot para asesinar al francotirador que mató a cinco agentes en una manifestación en Dallas –es otro titular del periodismo global.

Si la policía “asesina” al asesino y el asesino “mata” a los policías, ¿qué vamos a esperar de esas criaturas irrelevantes incluso como imbéciles que chapotean en el Twitter?

Hace un siglo que Gecé vio en los toros el último refugio que restaba “a la España heroica, audaz, pagana y viril, ya a punto de ser asfixiada por una España humanitarista, socializante, semieuropea, híbrida, burguesa, pacifista y pedagógica”.

Por eso avanzo yo hoy mi voz ante ti, bárbaro turista, y te pido respeto, enérgicamente, para el culto de mi patria hacia el toro; animal divino, y, como divino, bravamente sacrificado.
La granja socialdemócrata, que sustituye el “Llanto” de Lorca por la oda a Platko (¡o aQuincoces!), es el paraíso nuevo, sin límites y sin preocupaciones, donde los cargos públicos hacen con la “shoah” chistes (“¡humor negro!”) que sonrojarían a Himmler, quien, por cierto, hizo dengues de desmayo en Las Ventas.

Y todos los hombres, al fin, son iguales. (Salvo en un caso: el de la actitud personal en el juego con la muerte)

lunes, 27 de junio de 2016

El satanista Bergoglio sentando cátedra


por Miles Christi



Breve selección de las falacias e impiedades proferidas recientemente por el falso profeta Jorge Mario Bergoglio, mentiroso consumado, blasfemador empedernido e ilustre discípulo del padre de la mentira…

« Muchas veces me encuentro en crisis de fe y algunas veces también tuve la desvergüenza de reprochar a Jesús: ‘‘¿Por qué lo permites?’’ Y también dudas : ‘‘Pero, ¿esta será la verdad o un sueño?’’ Y esto de joven, de seminarista, de sacerdote, de religioso, como obispo y como Papa. A un cristiano que no haya sentido esto alguna vez, que no haya pasado por una crisis de fe, le falta algo: es un cristiano que se conforma con un poco de mundanidad[2]. »

Bergoglio enseña, con sus palabras y con su ejemplo, que dudar de las verdades de la fe es algo bueno y que quienes no lo hacen son « cristianos mundanos ». Menuda blasfemia. Para ser buen cristiano, según este energúmeno del Averno, habría que poner en tela de juicio, por ejemplo, la divinidad o la resurrección de Jesucristo. La « enseñanza » bergogliana contradice absolutamente la de Nuestro Señor, quien recriminó al apóstol Tomás el no haber creído el testimonio de los demás apóstoles acerca de su resurrección:

« Luego dijo a Tomás: ‘‘Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.’’  Entonces Tomás respondió y le dijo: ‘‘¡Señor mío y Dios mío!’’ Jesús le dijo: ‘‘Porque me has visto, Tomás, has creído; bienaventurados los que sin ver creyeron.’’ » (Jn. 20, 27, 29)

Imaginen a un catequista que dijera a sus alumnos que él se la pasa dudando acerca de lo que les enseña y que eso le parece algo no sólo positivo, sino incluso necesario para llegar a ser un buen cristiano. Pues bien, acá tenemos a un supuesto « Papa », doctor supremo de la fe católica, que nos dice a grandes rasgos lo siguiente : « Queridos hermanos, para ser cristianos auténticos, os invito a que dudéis como yo lo hago, que no he dejado de hacerlo en ninguna de las numerosas etapas de mi vida, y que incluso sigo haciéndolo ahora que soy el Vicario de Cristo. Porque atención, si no lo hiciereis, eso significaría que sois unos cristianos mezquinos y mundanos, incapaces de avanzar hacia las ‘‘periferias’’ y de practicar la ‘‘cultura del encuentro’’. »

Esto es sencillamente inimaginable.  No hay una sola frase en la Sagrada Escritura o en el Magisterio de la Iglesia que pudiese ser interpretada como una « invitación a dudar » de la revelación divina. Jamás se encontrará algo de ese tenor en los escritos de los Santos. Supera el entendimiento que Bergoglio se atreva a decir eso, nada menos que en la mismísima Basílica de San Pedro, y que nadie, absolutamente nadie reaccione, se levante y lo increpe de viva voz, enérgica y valientemente, denunciándolo públicamente como lo que es, un enemigo acérrimo de Dios y de la Iglesia, un corruptor de la fe y un impugnador de la revelación divina.

¿Acaso es necesario tener que recordar que quien desea debilitar nuestra fe es precisamente el demonio, y que toda duda con respecto a ella proviene de él siempre, nunca de Dios? De lo cual puede deducirse con total certeza que las « enseñanzas » de Bergoglio son lisa y llanamente satánicas. No verlo es signo de una profunda debilidad interior, de una fe  pusilánime y vacilante, de una escalofriante ceguera espiritual. Y ni hablar de la insinuación perversísima según la cual la revelación divina podría legítimamente ser considerada como un « sueño » [!!!]. Ni tampoco de los « reproches » que este insensato se atreve a hacerle a nuestro adorable Redentor…

« A mí no me gusta, y quiero decirlo claramente, a mí no me gusta cuando se habla de un genocidio de cristianos, por ejemplo, en el Medio Oriente. Esto es un reduccionismo[3]. »

Saliendo esto de labios de quien es el mayor promotor de la inmigración musulmana en Europa, me parece evidente que no hay de qué extrañarse…[4]

« Muchos piensan que es mejor que se queden en su tierra. Ellos han sufrido tanto. Son nuestros refugiados. Pero muchos se consideran excluídos. Por favor, son nuestros hermanos. El cristiano no excluye a nadie y le ofrece un lugar a cada uno. Deja venir a todos[5]. »

Hay que reconocer que en materia de subversión « Panchito » la tiene muy clara: el buen cristiano es el que duda y el buen europeo, el que permite la islamización de Europa…

                                                                                      [6]

« Prefieren convivir. Y esto es un desafío, una tarea. No hay que decirles: ‘‘¿Por qué no se casan por Iglesia? » No. Hay que acompañar, esperar, y después, hacer madurar, hacer madurar la fidelidad[7]. »

Pues claro, si la gente « prefiere convivir », ¿a quién se le podría ocurrir decirles que se casen por Iglesia? Por supuesto que eso no se debe hacer: hay que dejarlos vivir en pecado mortal tranquilamente, sin remordimiento alguno, lo importante es que puedan ser felices viviendo como se les antoje. Pero eso sí, « acompañándolos », para que no se vayan a sentir solos. En efecto la presencia del « cura » junto a los concubinos es indispensable para ayudarlos a « madurar la fidelidad ». Porque no vaya a ser que los amancebados terminen « metiéndose los cuernos », eso sí que sería verdaderamente escandaloso…

« He visto tanta fidelidad en estas convivencias, tanta fidelidad, que yo estoy seguro de que son verdaderos matrimonios, que tienen la gracia propia del matrimonio por la fidelidad que tienen[8]. »

Está clarísimo: ¿para qué diablos casarse si el concubinato vivido « con fidelidad » resulta ser un « verdadero matrimonio » ?

« La gran mayoría de los matrimonios sacramentales son nulos[9]. »

Razón adicional ésta para no « casarse por Iglesia » y optar por « juntarse con fidelidad ». Además, ¿se imaginan el efecto que esta frase del « Papa » puede tener en los matrimonios que intentan perseverar en medio de las dificultades ? ¿Para qué seguir luchando? ¿No es más razonable darse por vencidos, pedir la declaración de « nulidad matrimonial » y luego intentar « rehacer su vida »? En definitiva, a los concubinos Bergoglio les dice que no se casen y a los casados, que sus matrimonios no tienen valor. No, realmente los epítetos se quedan cortos para calificar afirmaciones tan maliciosas: este hombre es un auténtico hijo del demonio…


« Éste es el realismo saludable del catolicismo. No es católico decir “o esto o nada”. Eso no es catolicismo, es herejía. Jesús sabe siempre como acompañarnos, nos da el ideal, nos acompaña hacia el ideal. Nos libera de la rigidez de las cadenas de la ley y nos dice: ‘‘Cumple con eso, pero sólo en la medida que te sea posible.’’ Y nos entiende perfectamente bien. Es Nuestro Señor y eso es lo que nos enseña[11]. »

Ésta es otra sarta de sofismas incalificables. Este hombre miente con una naturalidad pasmosa. La moral evangélica, al igual que la moral natural, impone ciertas obligaciones y prohibiciones que son absolutas (adorar a Dios, no matar, no cometer adulterio, etc.), lo cual supone claramente un « o esto o nada » que no admite términos medios y que de ningún modo constituye un mero « ideal » que Dios nos presenta y al cual debemos tender « sólo en la medida » de nuestras posibilidades. Bergoglio busca destruir la objetividad y la obligatoriedad de la ley moral so pretexto de una falsa « misericordia » y de un « acompañamiento » que no es sino una manera encubierta de complicidad. El objetivo que persigue este hombre impío no es otro, en definitiva, que el de abolir la noción misma de pecado.

« Nosotros, todos nosotros, queremos a la madre Tierra porque es quien nos ha dado la vida y nos protege; diría que es también la hermana Tierra, porque nos acompaña en nuestro camino de la existencia. Pero nuestro deber es cuidarla como se cuida una madre o como se cuida a una hermana con responsabilidad, con ternura y con la paz[12]. »  

El Soberano Blasfemador del Vaticano continúa profesando abierta y desvergonzadamente su ideología new age luciferina, naturalista y panteísta, asegurando sin sonrojarse que es la « Madre Tierra » quien nos « da la vida y nos protege »...  

« ¡Protejamos los océanos, que son bienes comunes globales, esenciales por el agua y la variedad de seres vivientes! [13]»

¡Ay, por favor, que me parto al medio de la risa! La sociedad contemporánea rechaza masivamente a Dios y a la Iglesia, practica toda suerte de aberraciones que claman justicia al Cielo (aborto, pornografía, « matrimonio gay », eutanasia, etc.) y « Panchito »  aboga por la protección de los océanos…

Recordemos que hace pocos meses este engañador sin par invitaba al mundo apóstata y anticristiano a realizar nada menos que una « conversión » … ecológica [!!!] :

« La relación entre la pobreza y la fragilidad del planeta requiere otro modo de ejercer la economía y el progreso, concibiendo un nuevo estilo de vida, porque necesitamos una conversión que nos una a todos, liberarnos de la esclavitud del consumismo. Y este mes hago una petición especial : que cuidemos de la Creación recibida como un don que hay que cultivar y proteger para las generaciones futuras, cuidar la Casa Común[14]. »

Veamos ahora a « Papa Francisco » en el papel del militante « abolicionista » de la pena de muerte:
« El mandamiento ‘‘no matarás’’ tiene valor absoluto y abarca tanto a los inocentes como a los culpables. […] No hay que olvidar que el derecho inviolable a la vida, don de Dios, pertenece también al criminal[15]. »

De aquí se deduce con meridiana claridad que tanto Dios en el Antiguo Testamento como posteriormente la Iglesia no respetaron el « derecho inviolable a la vida » de los criminales. Pero es importante no perder de vista que lo único que este hombre busca es engañar. En efecto: Bergoglio miente sin cesar y sin ruborizarse jamás. Esa supuesta inviolabilidad corresponde solamente a los inocentes. Por ejemplo, a los niños masacrados en el vientre materno por el aborto, ese crímen abominable contra el que « Papa Francisco » no mueve nunca un dedo ni dijo una palabra al respecto en sus discursos ante los parlamentos europeo y estadounidense.

Una simple estadística esclarecedora. Número de penas capitales en USA el año pasado: 28. Número de abortos: 1.200.000. Unión Europea: 910.000 abortos, ninguna pena capital. Pero la « prioridad » para Bergoglio es defender a los asesinos y a los violadores, visiblemente la vida de los niños inocentes lo tiene sin cuidado…

Por otro lado, siempre se ha interpretado el quinto mandamiento como la prohibición del asesinato, es decir, « no matarás » al inocente. Nadie considera inmoral, por ejemplo, matar en defensa propia, que un soldado lo haga en el transcurso de una batalla o un policía en un enfrentamiento con maleantes. Lo cual prueba fehacientemente que el pretendido « derecho inviolable a la vida » es perfectamente infundado. Por otra parte, leemos en la Biblia que Dios instituyó explicitamente la pena capital para castigar el homicidio cuando dijo a Noé:

« El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada » (Gn. 9, 6).

Pero no solamente ordenó Dios que la pena de muerte fuese aplicada por los hombres, sino que El mismo la ejecutó interviniendo directamente en varias ocasiones contra poblaciones corrompidas, los ejemplos de Sodoma y Gomorra, universalmente conocidos, bastan para probarlo. Sin mencionar el diluvio universal, por el cual Dios decidió exterminar a toda la humanidad deparavada, con la única excepción de Noé y su familia, a quien se lo comunicó en estos términos:

« He decidido acabar con todos los mortales, porque la tierra se ha llenado de violencia a causa de ellos. Por eso los voy a destruir junto con la tierra. » (Gn. 6, 13).

En la legislación mosaica varios crímenes eran pasibles de condena a muerte (adulterio, incesto, idolatría etc.). En el Nuevo Testamento San Pablo confirma la legitimidad de la pena capital, al igual que su orígen divino, al referirse al pecado de sodomía :

« Igualmente los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre, recibiendo en sí mismos el pago merecido de su extravío. Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, entrególos Dios a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene: […]  los cuales, aunque conocedores del veredicto de Dios que declara dignos de muerte a los que tales cosas practican, no solamente las practican, sino que aprueban a los que las cometen.» (Rom. 1, 27-28/32)

Salta a la vista que con su condena de la pena de muerte Bergoglio contradice formalmente la revelación divina, lo cual no es por cierto ninguna novedad. No obstante, en este caso preciso su herejía se ve notoriamente agravada por la blasfemia implícita que contiene, ya que si el derecho a la vida fuese « inviolable », Dios sería, siguiendo la falaz lógica bergogliana, un monstruoso asesino. Y la Iglesia igualmente, ya que ella promovió las Cruzadas e instituyó el Tribunal de la Inquisición. De hecho, si sacamos las consecuencias objetivas de sus palabras, Bergoglio está dando a entender que el Dios bíblico, tanto el del Antiguo como el del Nuevo Testamento, es un ser cruel y malvado. Esto es, en definitiva, lo que enseña subrepticiamente « Papa Francisco », el supuesto « Vicario de Jesucristo » en la tierra. El sienta las premisas, otros se ocuparán luego de sacar las correspondientes conclusiones, las cuales caen de su peso.

Esto es algo sencillamente diabólico. Y es humanamente desesperante que tras haber pasado más de tres años sembrando el mal y la confusión de manera sistemática la inmensa mayoría de los católicos siga llamando a este auténtico agente del infierno « Su Santidad », « Santo Padre » o « Papa Francisco », títulos que su sacrílego e impío modus operandi desmiente categóricamente día a día, dignidad eclesiástica espuria en la cual estriba precisamente su inmenso poder de destrucción…

                                                                                                                                               
Para mayor información acerca de Jorge Mario Bergoglio, alias « Papa Francisco » :




[8] Discorso all'apertura del convegno ecclesiale della diocesi di Roma: https://www.youtube.com/watch?v=jQ5h2efV0a4 (01:20:27 a 01:20:42)

sábado, 25 de junio de 2016

El destructor a lo suyo...


Bergoglio: "Jesús nos da únicamente «un ideal» hacia el cual Él meramente nos acompaña y requiere la obediencia tan «sólo en la medida en que sea posible».


En Veritatis Splendor, Juan Pablo II declaró, muy a pesar de padrecito Jorge, que: "Sería un error gravísimo concluir que la norma enseñada por la Iglesia es en sí misma un “ideal” que ha de ser luego adaptado, proporcionado, graduado a las —se dice— posibilidades concretas del hombre: según un “equilibrio de los varios bienes en cuestión”… en cambio es inaceptable la actitud de quien hace de su propia debilidad el criterio de la verdad sobre el bien, de manera que se puede sentir justificado por sí mismo, incluso sin necesidad de recurrir a Dios y a su misericordia.     
Semejante actitud corrompe la moralidad de la sociedad entera, porque enseña a dudar de la objetividad de la ley moral en general y a rechazar las prohibiciones morales absolutas sobre determinados actos humanos, y termina por confundir todos los juicios de valor».

viernes, 10 de junio de 2016

Un papa verdadero, y un impostor

“Toda la novedad que podemos hoy descubrir en este mensaje está también en el hecho de que el sufrimiento de la Iglesia proviene del interior de la Iglesia, del pecado que existe en la Iglesia. También, esto siempre se ha sabido, pero hoy lo vemos de forma particularmente terrorífica: que la mas grande persecución de la Iglesia no viene de los enemigos de fuera, sino nace del pecado que hay en la Iglesia”  (Benedicto XVI -peregrinación a Fátima, el 13 de mayo de 2010)

“Mira, ¡la Virgen es Madre! Y nos ama a todos nosotros. Pero no es una oficina de Correos, para enviar mensajes todos los días”. (Jorge Mario Bergoglio -noviembre 2013 Santa Marta)

miércoles, 8 de junio de 2016

Bergoglio es un Anticristo

De la Primera Carta de Juan: «¿Quién
es el mentiroso si no aquel que niega que Jesús es Cristo? El Anticristo es
el que niega al Padre y al Hijo. Quienquiera que niegue al Hijo, también
niega al Padre; quien profese su fe en el Hijo también lo hará en el Padre»
(1 Jn. 2, 22 y ss)        


"Yo creo en Dios. No en un Dios católico, no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su encarnación. Jesús es mi maestro y mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser. ¿Le parece que estamos muy distantes?” Jorge Mario Bergoglio (Entrevista con Scalfari 1 de octubre de 2013)                          
                                           

Con ese "pero Dios...." delatador y traicionero,  Bergoglio está negando ni más ni menos que la condición divina, la condición de Dios, a Nuestro Salvador Jesucristo, Dios y hombre verdadero, y negando tambiénsu Luz creadora. Efectivamente, el blasfemo argentino, como él mismo reconoce, y bien que le gusta y lo disfruta, no se encuentra nada "distante" del pensamiento que alumbra -y aplasta- al ateo anticatólico Scalfari. Especie viejuna y boba de confidente pseudoilustrado, con gachas de celestino alcahuete, que el mamarracho ha elegido para soltar sus eructos.

 El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que no se ha de creer en ningún otro que no sea el Dios Uno y Trino. El único Dios verdadero para los católicos es el Dios Uno y Trino profesado por la Iglesia Católica. Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Esta Santísima Trinidad la niega contundentemente Jorge Mario Bergoglio. Negando con ello su salvación y, de paso, creando miserablemente dudas morales y confusiones teológicas en muchas almas.

Este es el proceder del Anticristo que denunciaba San Juan en su Primera Carta. Esta es la forma que tiene un lobo de hincar los colmillos a los indefensos. Enredando, "haciendo lío", confundiendo y engañando. Inoculando en la Iglesia el veneno de la corrupción y el relativismo en -de momento- pequeñas dosis. Por tanto,  al no reconocer a Cristo como Dios, somos testigos, y lo proclamamos a los cuatro viento, de la iniquidad de un hombre sin Ley ni moral que ha venido a traer la Abominación de la desolación al Lugar Santo.

jueves, 12 de mayo de 2016

Bajo el sol de Satanás

- Georges Bernanos-



"Estamos en esa hora de la vida en la que la verdad se impone por sí sola con irresistible evidencia, en la que cada uno de nosotros no tiene más que extender los brazos para subir de un tirón a la superficie de las tinieblas y alcanzar el sol de Dios. Entonces la prudencia humana no es más que trampas y locuras. ¡La Santidad! (...) Al pronunciar esa palabra ante usted, para usted solo, ¡cuánto daño sé que le estoy haciendo! Usted no ignora lo que es: una vocación, una llamada. Allá donde Dios le espera, tendrá usted que subir, subir o perderse... La misma cosa ignorada seguía faltándole, le faltaba a su vida. ¿Pero qué? ¿Pero cuál? En vano se enjugaba las mejillas desgarradas con sus uñas, los labios mordidos; en vano miraba a través de los cristales la luz del amanecer; en vano repetía con su triste voz sin timbre: “Se acabó..., se acabó!...” La verdad aparecía ante sus ojos; la evidencia le oprimía el corazón; hasta la locura le negaba su asilotenebroso. ¡No! No estaba loca, no lo estaría nunca. Le faltaba algo, que había tenido en sus manos –¿Pero dónde? ¿Pero cuando? ¿De qué manera? Y ahora no cabía duda de que desde hacía unos instantes había estado representándose la comedia de la demencia para enmascarar, para olvidar –al precio que fuera– su mal real, incurable, desconocido".